La sedación. Una infravaloración peligrosa

¿ Capacitación para sedación en sólo 3 días?

En nuestro medio es muy común oír a nuestros pacientes hablar de una simple sedación. Ese concepto de sedación, ha quedado desvirtuado en nuestra actividad como anestesiólogos por diversas causas, y ha originado un termino, que actualmente se aplica a actuaciones anestésicas de poca envergadura.

Esto ha llevado a la realización algunos de estos procedimientos por personal no especializado en anestesiología, hecho con el que la Sociedad Española de Anestesiología no está conforme y que puede suponer un grave perjuicio legal a aquella persona o institución clínica que la practique sin la debida titulación en Anestesiología y que presente alguna complicación.

A su vez, las entidades que gestionan la sanidad, tanto pública como privada, se acogen a esta supuesta falta de complicación para minusvalorar esta técnica, tanto en recursos humanos como económicos.

Pero la sedación engloba muchas técnicas y la compresión de dicho término lleva a un estado de confusión tal entre pacientes, médicos y gestores que desde aquí apoyamos la afirmación tantas veces expresada por algún compañero

La sedación realizada por un anestesiólogo no existe en muchos procedimientos

Para la Real Academia de la Lengua; sedar (del latín sedare) es apaciguar, calmar, sosegar… Son conceptos asimilables a la ansiolisis o procedimientos que buscan calmar al paciente sin anular la consciencia.
Para la literatura médica, la sedación representa muchos conceptos. como la ansiolisis ya comentada, o la que propugna la American Society of Anesthesiologist (ASA) que introduce el termino, sedación/analgesia describiendo “ el estado de la consciencia que permite a los pacientes tolerar procedimientos poco placenteros mientras que se mantiene una adecuada función cardiopulmonar y la habilidad de responder de forma adecuada a ordenes verbales y/o a estímulos táctiles “. En todos estos casos siempre se mantiene la premisa de una disminución de la consciencia pero sin perderla del todo y recuperándola mediante estímulos verbales o físicos.

Con la demanda de la sociedad por unos procedimientos terapéuticos o diagnósticos placenteros, asistimos al nacimiento de la llamada sedación profunda, para referirnos a una ausencia de consciencia durante el procedimiento médico a pesar de recibir diferentes estímulos (especialmente los dolorosos) Afirmando que resulta una técnica anestésica sencilla, sin riesgos y que permite mejorar el confort de multitud de procedimientos y técnicas diagnósticas.

Tenemos por tanto unos conceptos que se mezclan y que no logran definir convenientemente a la sedación como un acto anestésico bien definido y por tanto valorable.

INCONSCIENCIA, INMOVILIDAD, ANALGESIA 


Son las tres esferas que definen clásicamente una actuación anestésica general. Y las tres se superponen en nuestro quehacer diario. Unos conceptos que todo el mundo entiende y que sirven para poner de relieve la tremenda complejidad de procesos implicados en la mal llamada sedación.

¿Sedación inconsciente?
La perdida de la consciencia es la gran frontera para definir una actuación anestésica. La inconsciencia farmacológica implica muchos procesos, y trae consigo una serie de reacciones o respuestas en nuestro organismo que debemos controlar, pues siempre pueden suponer un riesgo vital para el paciente. Estamos hablando de la depresión respiratoria, de la disminución del gasto cardiaco y de la paulatina perdida de reflejos protectores principalmente. Esto lleva a la afirmación que una perdida de conciencia farmacológica siempre debería ser realizada por alguien capacitado para atender a estas tres respuestas.

¿Y la analgesia?
Al contrario de lo que el profano en conceptos anestésicos entiende (incluidos nuestros colegas médicos no especialistas), la movilidad no implica «despertar» o consciencia. Son conceptos que se desarrollan en territorios distintos de nuestro organismo. El movimiento en un procedimiento diagnóstico o terapéutico, es provocado por un estímulo (doloroso o no) y puede suceder aunque el paciente se encuentre con un grado de inconsciencia profundo. Los anestesiólogos, por tanto, desarrollamos la analgesia necesaria en cada proceso de una manera global, cuidando las implicaciones de los distintos fármacos en las tres esferas referidas anteriormente, pues sabemos que ausencia de consciencia no implica ausencia de dolor y viceversa.

¿Sedación en pediatria?

Por tanto, hablar de una sedación pediátrica para minimizar la técnica anestésica, y así, trasladar una menor sensación de peligro a los padres, es incurrir en errores de concepto y un engaño a dichos progenitores.

Incluso en técnicas menores o en pruebas diagnósticas (como una simple resonancia) que requiera una actuación por nuestra parte, esta será siempre con pérdida de consciencia, muchas veces, con una necesaria inmovilidad y a veces con analgesia. Estamos hablando de técnicas anestésicas generales, con variantes, pero anestesias generales. No existe la llamada sedación pediátrica en estos procedimientos.

¿Sedación en endoscopias?

De la misma manera, el grado de profundidad anestésica que aplican los anestesiólogos a una colonoscopia o endoscopia digestiva es la misma que se aplica a un legrado evacuador, o a una resección de pólipos en vejiga, por poner algunos ejemplos. Se alcanza el mismo grado de hipnosis, analgesia y control de la inmovilidad, pero la percepción de la técnica parece ser distinta.
Para llegar al manejo de estas técnicas generales en las que no es necesario aplicar una ventilación mecánica, el anestesiólogo debe controlar no solo la farmacocinética de los distintos fármacos utilizados, sino controlar las consecuencias de su efecto (perdida de reflejos, disminución del gasto cardiaco y depresión respiratoria) y esto se empieza a enseñar desde el segundo año de residencia en nuestra especialidad hasta la finalización de dicho postgrado al cabo de 4 años.

No se puede entender el fin de diversos cursos de capacitación de dos o tres días que ofrecen una supuesta formación para desarrollar dicha sedación, cuando tardamos más de tres años en formar a un anestesiólogo para tal fin.

Así lo entiende La Sociedad Española de Anestesiología, La Sociedad Europea de. Anestesia y el Documento de Helsinki en su declaración sobre la seguridad del paciente en la anestesia

Asistimos por un lado a una peligrosa forma de practicar medicina, la de desarrollar técnicas sin adecuada formación y por otro lado una minusvaloración de los procedimientos en el terreno económico, pues el no aplicar el precio justo de las cosas siempre trae problemas.

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